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El tabaco siempre ha generado muchas críticas. Se podría decir, por ejemplo, que fue Jaime I de Inglaterra quien en 1603 puso en marcha la primera campaña gubernamental contra el tabaco, gracias a su famoso tratado "Contragolpe al tabaco". "La primera campaña gubernamental contra el tabaco se remonta a principios del siglo XVII".
Poco después, Jaime I incrementó los impuestos de importación del tabaco, exactamente en dos mil por ciento. Sus súbditos evadieron el impuesto a través del contrabando y del cultivo doméstico. Así, Jaime I cambió de táctica y en 1615 convirtió la importación de tabaco en monopolio real: el mayor detractor del tabaco se había convertido en uno de sus beneficiarios más importantes.
Y, a pesar de esta polémica, el consumo de tabaco se extendió por el mundo en pocos siglos.
Originario de América, donde los indios nativos utilizaban el tabaco con fines medicinales y ceremoniales, su importación a Europa a raíz de los viajes de Colón marcó una nueva fase en su historia. Su consumo aumentó constantemente desde el siglo XV. En el siglo XVIII, el tabaco se comercializaba a escala internacional y formaba parte de la mayoría de las sociedades. En el siglo XIX, los cigarrillos empezaron a utilizarse como sustitutos del tabaco en pipa, del tabaco mascado y rapé.
Sin embargo, fue hasta la aparición de una máquina de cigarrillos eficiente en 1880, que era capaz de producir 200 cigarrillos por minuto, cuando se puso en marcha la industria moderna del tabaco. La producción en masa provocó una caída en el precio de los cigarrillos y posibilitó su consumo masivo.
La polémica ha acompañado al tabaco hasta nuestros días. A pesar de ello, millones de personas en todo el mundo siguen fumando. Para conocer más datos acerca del tabaco y la salud, por favor vea la sección "Tabaco y salud" de nuestro sitio web.
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