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Después de la cosecha y del proceso de curación, la hoja del tabaco se transporta a las plantas de fabricación al rededor de todo el mundo. Con el fin de aumentar su sabor, el tabaco se deja añejar hasta un máximo de tres años en entornos controlados.
Luego se prepara el tabaco para procesarlo y producir cigarrillos. El transporte y la humidificación de las hojas quebradizas se debe realizar con cuidado, y aquí es donde entra el arte de la mezcla.
El ingrediente principal de cada uno de nuestros cigarrillos es el tabaco. Se pueden añadir otros ingredientes al tabaco, incluyendo productos para agilizar el proceso, humectantes (que mantienen la humedad y la flexibilidad del tabaco), preservantes y saborizantes específicos de las marcas. Una vez cortado, el tabaco se almacena en silos enormes antes de entrar al proceso de fabricación de cigarrillos.
Fabricar cigarrillos es un proceso rápido, altamente automatizado; las máquinas producen de 8.000 a 14.000 cigarrillos cada minuto. Se desenrollan bobinas de papel para cigarrillos de hasta 6.000 metros de longitud en las que se coloca el tabaco. El papel se cierra sobre el tabaco y se crea un cigarrillo largo conocido como "cilindro".
Las máquinas cortan este "cilindro" de gran tamaño en partes mucho más pequeñas, insertan los filtros y finalmente realizan cortes más pequeños para producir cigarrillos con filtro individuales. La calidad de la elaboración de cada uno de los cigarrillos se comprueba en tres etapas distintas.
Después, los cigarrillos se clasifican en grupos del tamaño de las cajetillas, se envuelven en papel aluminio para conservar su aroma, se empaquetan y se colocan en cajas para el transporte.
Aunque la fabricación de cigarrillos es un proceso altamente automatizado, nunca perderá su elemento humano. La supervisión del proceso de producción es vital: la inspección de la hoja, la mezcla y el control de calidad del producto final son aspectos que no se pueden dejar únicamente a las máquinas.
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